De Gricel a Fabio Zerpa

Capilla del Monte, cuna de una gran historia de amor

De Gricel a Fabio Zerpa

 

Era de las pocas ciudades turísticas del valle de Punilla, escenario de una de las letras más emblemáticas del tango: “Gricel”. Hoy, la ciudad fluctúa entre le memoria colectiva de aquel idilio, la energía del cerro Uritorco y la supuesta visita de extraterrestres.

 
La pareja. José María Contursi y Susana Gricel Viganó.
A Capilla del Monte la inventó Fabio Zerpa –el hombre dijo esto y se echó para atrás como quien termina de jugar el ancho de espadas y espera las miradas de asombro.

–A mí eso no me importa –dijo, por el contrario, su interlocutor–, yo voy porque me gustan las sierras y quiero escalar el Uritorco; además es la ciudad de Gricel y Contursi…

–¿Qué?

–¿Conocés el tango “Gricel”? Bueno, la chica del tango vivía en Capilla del Monte y fue el gran amor de José María Contursi, el autor de la letra.

Este diálogo, una mañana de enero en Parque Saavedra, disparó la necesidad de saber qué queda en esa ciudad serrana del gran amor entre el poeta tanguero y la chica de pueblo. La historia oficial cuenta que Mona Maris presentó a su amiga Susana Gricel Viganó a José María Contursi. Se conocieron en la radio, él tenía 22 años y ella 15. Años después el letrista enfermó y los médicos recomendaron una estadía en Córdoba (tratamiento de rutina en esos años, sobre todo para quienes padecían afecciones respiratorias). Contursi fue a parar a la casa de la familia Viganó, y allí nació la historia de amor que inspiró una de las letras más hermosas y conmovedoras, a la que Mariano Mores se encargó de ponerle música.

“Esta hostería era de la familia Viganó, y Gricel vivió acá al lado. Todavía hoy esa propiedad es del yerno de Gricel”, cuenta Gabriel Schiaffino, dueño desde hace ocho años de la histórica hostería La Atalaya. “Estoy proponiendo que este lugar sea declarado de interés municipal, pues es testigo de aquella historia de amor”, dice Gabriel.

“Yo tengo fotos históricas, tengo una de la familia frente a la hostería, acá donde estamos sentados nosotros; ella era muy hermosa, se cansó de ganar certámenes de belleza”, dice Gabriel, entusiasmado por poder contar la historia que durante años distinguió a Capilla del Monte.

Al lado de la hostería, una casa linda, sencilla, no parece haber sido el hogar de un mito y del poeta que inmortalizó esos versos. “Contursi se sentaba ahí, en esa ventana, quienes vivían acá en esos años cuentan que era un tipo amable, y que lo veían escribir junto a esa ventana que vemos ahora. Ahora la casa está alquilada, pero sigue siendo de la familia Iacobelli (el yerno de Gricel)”, nos cuenta Schiaffino, y agrega, o más bien desmitifica: “No es cierto que Contursi haya muerto en los brazos de Gricel, es verdad que ella lo cuidó hasta sus últimos días, pero en realidad en el momento que murió el que estaba presente era Iacobelli, el yerno”.

Cuando uno se va de La Atalaya parece estar dejando atrás un pedazo de la historia del tango, en un lugar atípico para la música porteña, como son las sierras cordobesas. Pero, como un fantasma, Gricel se aparece en las calles de Capilla del Monte, en esa calle techada, en cuyo inicio se encuentra el bar City, donde Contursi tomaba sus whiskies.

Dante Racco es dueño de otra hostería, La Margarita, tiene 83 años, conoció a Contursi, es cantor de tangos y sin falsa modestia asegura que las dos mejores versiones del tango “Gricel” son de Hugo Marcel y de él mismo. Golpeamos las manos y Racco se aparece a medio afeitar. Rechazó seguir con su tarea y así, con espuma en la cara, se metió de lleno en el tema que le propusimos y se largó a contar: “¿Cómo no hablar de un amor tan fuerte? Contursi la adoraba, ella era una chica muy bonita, acá ganaba siempre los concursos de belleza. Ella había hecho pareja con un hombre que luego se fue a vivir al Chaco, de apellido Camba. Se enamoró de Contursi, que era un hombre muy tomador; todos los días iba a la confitería City a tomar una copa. El se volvió a Buenos Aires porque tenía su familia allá, y Gricel quedó acá en Capilla. Cuando pasaron los años y Contursi enviudó, apareció acá en Capilla el bandoneonista Ciriaco Ortiz… Cuentan todos que vino de casualidad, pero no fue de casualidad, y le contó a Gricel que Contursi estaba viudo. Ella entonces salió para Buenos Aires, y se encontró con Contursi en la confitería El Molino, frente al Congreso. Retomaron el romance y al poco tiempo se mudaron a Capilla del Monte. Ella lo cuidó hasta el último minuto”.

Todavía sin afeitarse, Racco se queda pensativo y agrega: “Yo tuve la suerte de conocerlo a Contursi, era un pingazo, amante del turf. Hasta se trajo un caballo para acá, corrió algunas cuadreras pero no ganó nada, ya estaba viejo”. La memoria del entrevistado vuelve a la carga: “El padre de ella tenía un surtidor de nafta, esos que estaban sobre la vereda, cerca de donde ahora está ubicado el Banco Nación. Y ella atendía ese surtidor”, dice, y luego cierra: “La verdad que quienes vivimos aquella época fuimos testigos de un romance que hizo historia”.

Al final de la calle techada hay un local de artesanías, allí atiende Luis Aceto, quien iba de paso de Las Varillas a Córdoba, pasó por Capilla, se puso de novio y se quedó a vivir con quien fue su novia durante cuatro años y es su mujer desde hace 57. “Llevamos 61 años juntos”, suelta con orgullo.
Aceto también conoció a José María Contursi. “Era un señor, una persona con la que daba gusto tratar”. Pero con Gricel tenía una amistad más estrecha, familiar. “La ultima vez que estuvo en Capilla, estuvo acá con nosotros, éramos amigos; ella era una persona muy buena, murió en Villa Allende, donde estaba la hija”.

Así, Capilla del Monte no sólo es la ciudad energética, la del Uritorco, la que suele visitar Fabio Zerpa, sino que aún es –y será siempre– la ciudad donde se desarrolló uno de los romances más apasionantes del tango, donde Susana Gricel Viganó y José María Contursi contrajeron enlace por iglesia, en la parroquia San Antonio de Padua, para legalizar ante Dios una unión que en la letra del tango se transformó en inmortal.
 
FUENTE: REVISTA VEINTITRES


Share     Report     Print Article
0 comments